Como dos niños pequeños que se divierten soñando, jugando. Sin dolor.
Sin miedo. Sin preocupaciones. Sin problemas. Imaginación y diversión como
lema. Y así, sin mayor reparo, se persiguen, arriesgan sin ver riesgos. Bendita
ignorancia. Son felices. Él le toma la mano y ella se abandona, sin
reprimendas. Se deja llevar. Disfruta. Vive.
Deberíamos actuar así, con inocencia y por diversión. Viviendo cada momento
sin pensar en un mañana. Caminar acompañado de esa persona que te alegra el día
con una mirada. Conformarnos con un pilla-pilla y obtener como recompensa una
carcajada sincera. Porque al fin y al cabo, la vida es un juego. Pero eso, sólo
lo saben los niños
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